Cita

baño

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Sumergida en la blanca espuma, hermosas y desconocidas criaturas marinas se acercan vorazmente a mi cuerpo.
Buscan una ardiente orilla. Un cálido puerto.
Llenar de gozo este ser empapado y vacío…

Laura Vera, 2018

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Cita

intensa y sutil

sutil
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Mientras él termina de tomar sus últimos apuntes de la sesión, ella continúa tumbada en el diván de la sala. Ha sido una charla divertida e intensa.

Claudia, a veces es demasiado expresiva, pero no puede evitarlo. Se siente tan a gusto hablando con su terapeuta de cualquier tema, que no le importa desnudar su alma. Aunque precisamente esta tarde, después de la terapia, quedarán al desnudo muchas más cosas…

Entre ellos hay suficiente confianza como para tener que decir o hacer ciertas cosas con rodeos.

Después de colocar un poco su mesa, se levanta de su silla, baja la intensidad de la luz, y se coloca a los pies del diván. Antes de que Claudia pueda decir nada, él se lleva su dedo índice a su boca haciendo el gesto de “shhhhhh”…

Ella sonríe amablemente y cierra los ojos. Jaime, comienza a quitar sus negros zapatos de tacón y a acariciar sus pies con serena lentitud y suavidad. Estira sus brazos para llegar a la cremallera de sus pantalones, e ir deslizándoles por sus largas piernas. Mientras baja éstos, con la yema de sus dedos, acaricia toda su piel y se impregna en el cálido y frutal aroma que ésta desprende.

Para poder seguir con el ritual, se cambia y se dispone en la cabecera del diván. Comienza a masajear sus hombros y baja hasta donde empiezan los botones de la camisa. Uno a uno los va soltando para que sus pechos queden totalmente expuestos a sus hambrientos ojos.

Esta tarde, por alguna razón Claudia no se ha puesto sujetador, y eso ha tenido a Jaime con una cierta desconcentración, durante toda la terapia.

Desliza la camisa hacia los lados, y comienza a acariciarla, como solo él sabe acariciarla en ciertos momentos. Sus dedos rozan sutilmente la piel de ella de arriba abajo, y viceversa. Pasa por encima de su sexy braguita, rozando intencionadamente su zona púbica, que lentamente despierta de su aletargado sueño.

Los pezones de Claudia se endurecen poco a poco, cada vez que Jaime los cubre con la palma de sus manos y juguetea con ellos con ayuda de sus dedos.

Ella continua con los ojos cerrados, e intenta relajarse, lo cual es prácticamente difícil con lo que está sucediendo a su alrededor y en su interior.

Una parte de ella quiere tocarle, besarle…, pero otra parte la dice que mejor así, que se deje llevar y sentir solo por las manos de él. Además, no pueden subir mucho más la temperatura de ambos. El reloj marca que en breve llegará la siguiente paciente a terapia.

Pero él continúa provocando en ella una mayor excitación, aún a sabiendas que no ocurrirá nada más en ese momento… Estirando sus brazos por encima de ella, cuela sus ávidos dedos por debajo de su ropa interior, buscando la cálida humedad que brota de su cuerpo.

El timbre suena difuso al fondo del pasillo. La sutil e intensa terapia llega a su fin.

Jaime, poco a poco va separando las manos del excitado cuerpo de Claudia, y acercando su boca a la de ella la susurra:

–Nada me complacería más, que cuando llegases a casa, continuases con este momento y pensaras en mi…

 

LAURA VERA

Julio 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

Cita

tarde de blues

13
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Cuando sonó el timbre del portal, Mara se sobresaltó en su sofá. No esperaba tan pronto a Dani. Su corazón comenzó a galopar rápidamente mientras se dirigía al telefonillo. Tenía unos minutos antes de que él llamase a la puerta. Vivía en un sexto piso, lo cual jugaba a su favor.

Se acercó al baño y se observó en el espejo unos segundos, retocando un poco el cabello con sus manos. Cogió aire con energía y lo expiró de manera lenta y silenciosa. Sonrió vigorosamente ante el espejo, sabiendo que lo que estaba por ocurrir, posiblemente sería muy especial.

Dani Llamó a la puerta con los nudillos, y ella solo tardó unos segundos en abrir la puerta. Se sonrieron y saludaron en el umbral de la puerta con mucha complicidad, pero respetando una cierta distancia.

Era media tarde y el sol aún entraba por las ventanas del apartamento de Mara, aunque ella había bajado las persianas de la sala principal para que el ambiente fuese más íntimo y acogedor.

Le invitó a pasar a la sala principal y a sentarse. Le ofreció tomar una cerveza, para romper un poco la silenciosa y excitante tensión que existía en esos momentos. Después de un par de cervezas y de charlar un buen rato, bromeando sobre cosas triviales, poco a poco los dos se fueron relajando, aunque buscandose intensamente con sus miradas.

Dani no lo demoró más, se levantó de su sillón y se colocó frente a Mara. Se arrodilló sobre la mullida alfombra negra, y con sus manos separó sus piernas, pudiendo asi, acercarse más a ella. Atrajo hacía él su rostro y comenzó a besarla. Mara respondió abrazando y envolviendo el cuerpo de Dani con sus piernas como si fuera una serpiente.

Se besaron intensamente durante unos largos minutos, con un ritmo pausado y armónico. Él cogió de nuevo las piernas de Mara y las separó de él para poder moverla y tumbarla sobre el chaselonge gris. Ella, se abandonó por completo a los deseos y órdenes, que sin palabras, le iba sugiriendo e imponiendo Dani.
Entre ellos existe mucha complicidad y un extenso lenguaje exento de palabras. Solamente con sus miradas se entienden a la perfección.

Dani comienza a dibujar y recorrer toda la silueta de Mara con ambas manos por encima de la ropa. Mara comienza a emitir gemidos ahogados en el fondo de su sedienta garganta.

Dani Lleva sus manos a la cintura del jeans de Mara y comienza a quitárselo de forma muy lenta y sensual. Primero el botón, después baja la cremallera, acariciando con sus dedos la piel que comienza a quedar descubierta…

Abre del todo el pantalón dejando ver parte de su vello púbico. Esa tarde Mara había decidió no ponerse ropa interior, pues a él le gustan ese tipo de detalles. Dani se sorprende gratamente. Acerca su boca y comienza a pasar su lengua por aquel paraíso que Mara pone a su merced.

Mientras la recorre con su boca comienza a deslizar los jeans por sus caderas, sus muslos… Se desprende de ellos y después de su camiseta negra.

Vuelve a inclinarse sobre la entrepierna de Mara mordiendo el interior de sus muslos, lamiendo sus ingles. Continúa por su vulva, que se abre para él como una exótica flor… Prosigue el recorrido hacia su vientre, su ombligo mientras Mara comienza a contornear su cuerpo por tan grato y sensual recorrido de caricias que Dani la está regalando.

Sus manos, también acompañan en el viaje a su ávida lengua, llegando a sus deliciosos y grandes pechos por debajo del suéter. No lleva sujetador con lo que tiene una gran libertad para poder jugar y disfrutar de unos pezones duros y ansiosos de recibir placer.

Para estar más cómodo y poder dar un placer más infinito a Mara, él sube el suéter de ella hacia arriba, dejando los ojos y parte de su cabeza casi cubierta. Solamente deja descubiertas su nariz y su boca, la cual aprovecha para besarla serenamente. Juega sutilmente con sus dedos y con su lengua, combinando ambos con un baile armónico.

El cuerpo de Mara se revuelve aún más, buscándole en cada movimiento. Tiene sus brazos enganchados al suéter por encima de su cabeza, con lo que no puede coger y acercar más a Dani. Es una agonía deliciosa y muy excitante.

De nuevo Dani, vuelve a realizar un viaje con su húmeda lengua por el cuerpo arqueado de Mara. Pero esta vez con dirección descendente. Esta vez se detiene en sus pechos, lamiéndolos con todo lo que su lengua puede abarcar, empapándolos con su tibia saliva. Siente como la textura de sus pezones se imprime en su lengua y los recorre una y otra vez, por que sabe que a Mara la enloquece de placer. Mientras nota como ella disfruta piensa en todo momento que es toda una delicia perderse en esos pechos tan carnosos y bellos.

Mara jadea y continúa moviendo y arqueando su cuerpo como si estuviera presa por algo. Su pelvis se alza llamándole en un intenso silencio. Él la contesta bajando una de sus manos e introduciendo dos de sus dedos en su caliente y húmeda vagina.
Ella se arquea aún más y suelta un gemido aún más álgido y fuerte que los anteriores. Se excitación y deseo por Dani va in crescendo.

En ese instante Mara piensa para ella:

– Si, si, si. Es lo que quiero. Es lo que deseo. Que entres en mi. Con tus manos, con tu lengua, con tu cuerpo…

Dani la entiende perfectamente sin que ella pronuncie palabra alguna. Con sus gemidos y movimientos lo dice todo. Continúa su viaje, pero con un ritmo más acelerado. De nuevo está entre sus piernas, con su sexo hambriento invitándole una vez más a que se emborrache con su elixir.

Él acerca su lengua y comienza a recorrer cada rincón de aquella maravilla. Introduce su lengua en la vagina de Mara deleitándose con cada jugo que emana de ella, arrastrándolo hacía arriba bañando así toda su vulva. Repite el movimiento una y otra vez, disfrutando también del placer que Mara está sintiendo. No deja de gemir y mover su pelvis ofreciéndosela por completo a su amante.

Poco a poco Dani, comienza a bajar con su boca hasta la zona del ano, a lo cual ella está deseosa aunque muy inquieta. Empapa toda la zona con mucha saliva y los cálidos fluidos de Mara. Regresa a su vulva, y comienza a jugar con su latente clítoris. Mientras poco a poco introduce uno de sus dedos en su ano y ella le grita y ahora en alto que ¡siiii! Que lo desea.

Juega y la penetra el ano suavemente una y otra vez con su dedo, mientras las caricias de su lengua en su clítoris, comienzan a acompañarla en su viaje hacia un orgasmo.

Jadea y suspira una y otra vez, pidiéndole que siga, que no pare, que está a punto de estallar…

Dani está muy excitado y continúa con su buen hacer mientras ella se pierde en un grito ahogado de éxtasis y locura… Todo su cuerpo late y vibra de placer y de infinitas emociones. Es una sensación demasiado intensa, con lo que de una extraña manera rompe a llorar y reír simultáneamente.

Dani se estremece un poco ante el torrente de emociones corporales que Mara está expresando. Por un instante, observa parte de su rostro y puede ver como unas lágrimas de alegría y placer recorren sus mejillas.

El cuerpo de Mara ha dado un viaje completamente fuera de sus expectativas. Hasta ella misma se ha sorprendido de todo lo que ha experimentado. Las sensaciones y emociones que han pasado por su cuerpo han sido como un tornado de fuerza diez.

Casi en estado semi-inconsciente logra deshacerse del suéter que envolvía parte de sus brazos y su rostro. Lleva sus manos a los hombros de Dani, para poder incorporarse con su ayuda.

Estando cara a cara se traspasan con las miradas. Se besan dulcemente y ahogan su sed carnal en los fluidos que Dani aún mantiene en su boca.

Mara se deja caer en la alfombra con la ayuda de Dani, y se retuerce ágilmente para poder quedarse colocada a horcajadas sobre él. Le abraza y comienza a mover su pelvis buscando el pene erecto y deseoso de Dani.

Mara continúa con una gran excitación y humedad en su sexo, con lo que la penetración no se hace esperar más que unos instantes. Comienzan a embestirse mutuamente como dos poseídos. Mirándose a los ojos fijamente. Sin nada que decir. Sin nada más que añadir.

Se mueven intensamente. Apretándose. Abrazándose. Mordiéndose.

El deseo es tan intenso, que por unos instantes ambos pierden el control y galopan incesantemente hacia el placer infinito.

Acordemente siguen moviéndose sin cesar, sin dejar de besarse y probarse en cada poro de su piel. Sus jadeos y gritos son muy intensos. Sus cuerpos están bañados y ahogados en un cálido sudor que los hace estar aún más unidos.

Entre gemidos y jadeos, Dani susurra al oído de Mara, que no aguanta más. Que está a punto de estallar. Que desea bañarla por todo su interior. Que note todo el infinito placer que la está proporcionando con sus embestidas…

Y ella se lo pide… Le pide que se pierda dentro de ella. Que se libere. Que no espere más, porque ella también quiere sentirle. Sentir su intensa lluvia de calor en lo más profundo de su ser.

Con un álgido y desaforado grito, Dani se libera expectante dentro de Mara, mientras ella sigue embistiéndole y devorándole, aunque con más calma, con su feroz cuerpo.

Él se deja caer hacia atrás, con los ojos cerrados y aún con una respiración entrecortada. Está extenuado por completo. A Mara le gusta observar como después de tanto placer, su amante se abandona en un abatimiento total y placentero.

Para que él siga disfrutando de su orgasmo, Mara comienza a acariciar el contorno de sus labios con la yema de sus dedos. Besa dulcemente una y otra vez la sonrisa que se dibuja sutilmente en su rostro. Acaricia sus sienes y su cabello con mucha delicadeza.

Aún con los ojos cerrados, Dani susurra con emoción que el paraíso existe, y que él tiene la mejor parcela. Mara se ríe y vuelve a besarle en señal de gratitud.

La música continúa sonando en la sala. Sonidos y compases de blues que los han envuelto constantemente en una pasión infinita y voraz. Una música intensa, dulce y agradable que ha sonado lentamente, y que ha sido el único testigo de toda la pasión desatada en esa cálida tarde…

 

© Laura Vera 2015

Cita

el vestíbulo

vertibulo
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Esa tarde, Mara tenía una reunión de trabajo en la oficina particular de Dani. Notaba un gran nudo en su estómago y una cierta ansiedad por volver a trabajar a solas con él.

Cuando llamó al timbre y a los pocos segundos Dani abrió la puerta, Mara sintió un intenso calor por todo su cuerpo. Una sensación que de nuevo volvía a sacudirla fuertemente.

Caminó un par de pasos adentrándose en el vestíbulo. Empujó la puerta tras ella con un ligero movimiento. Soltó su bolso en el suelo y se acercó a Dani empujándolo contra la pared de manera arrebatadora. Dani se quedó un tanto sorprendido pero se dejó llevar por la situación. En ningún momento se le pasó por la cabeza que empezarían así de bien la tarde.

Mara comenzó a besarle, mientras le seguía empujando y sujetando con sus brazos contra la pared. Le deseaba ardientemente. Deseaba sentirle intensamente una vez más dentro de ella.

Dani, se abandonó a la fogosidad de su amante. Le gustaba esa pasión desatada y lujuriosa que en esos momentos parecía poseerla.

Por un instante, ella dejó de sujetarle para poder llevar una de sus manos a los botones del pantalón de Dani. Los desabrochó, uno a uno. con mucha habilidad. Dejó caer al suelo el desgastado jeans y colocó su mano por encima del boxer. Podía notar como el pene de Dani mostraba una gran dureza y excitación.

Acto seguido le despojó de su camiseta, dejando todo su torso al desnudo. Seguidamente y sin apenas dejar de besarle, Mara se quitó la chaqueta, los zapatos, los pantalones y por último su camisa. Dani, observaba todos sus movimientos sin apenas pestañear. Le gustaba demasiado lo que estaba viendo como para perderse cualquier detalle. Aunque seguía con cierta actitud de sumisión, su excitación aumentaba de manera veloz y descontrolada.

Mara estaba en ropa interior. Y de nuevo se acerco a Dani para sentir su piel, su calor, su erección. Mientras volvía a besarle por el cuello, cogió las manos de Dani y se las llevo a sus nalgas susurrándole al oído:

—Apriétame. Apriétame fuerte contra ti y fúndete conmigo.

Las manos de Dani se soldaron ardientemente a las carnosas nalgas de Mara. Y ella comenzó a sentir como su ropa interior se empapaba con sus fluídos más íntimos y calientes.

Después, ambos comenzaron a despojarse de su ropa interior de una forma eróticamente salvaje. El olor a sexo ya impregnaba por completo el aire del vestíbulo.

La sumisión de Dani y el trabajo pendiente, ahora quedaban en un segundo plano…

 

@ Laura Vera 2015

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entre sábanas

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Cristina se retiró a su dormitorio. Estaba cansada y con algo de sueño. Se metió entre las sábanas y se acurrucó abrazando uno de los almohadones.

Escuchaba música clásica de fondo. La ayudaba a conciliar el sueño. Se relajó y cerró sus ojos, apareciendo en su mente varias escenas de la tarde pasada. No puede evitarlo y se estremece intensamente al recordar su tacto, su piel, su olor, su boca…

Recuerda la propuesta y conversación que mantuvo con él. La posibilidad de tener un encuentro fugaz… Piensa en ello y dá vueltas a la proposición. Parece bastante tentadora y muy excitante.

Ella se pregunta como puede ser que, a veces con tan sólo tres palabras leídas, recordadas, pueda sentir una sacudida tan fuerte y ardiente por todo su cuerpo. Un recorrido vertiginoso que va desde su pecho hasta lo más interno de su sexo…

 

© Laura Vera 2014